Un diario personal es un espacio de encuentro privado que puede ayudarte a conocerte mejor y a regular tus emociones. Además, es una potente herramienta de productividad que requiere muy poca inversión de tiempo y que tiene un gran impacto en tus resultados.  

Es posible que veas el diario personal solo como un lugar donde desahogarte, escribir las cosas que no te atreves a decir a otros o simplemente registrar tu día. Es cierto que sirve para todo esto, pero el diario tiene mucho más potencial.

El diario como herramienta de autoconocimiento

El diario personal te permite revisar con otros ojos lo que pasa en el día a día. Cuando piensas, especialmente si estás atravesando una emoción intensa, el flujo de pensamientos es desordenado y saltas de un punto a otro: recuerdos, posibilidades, ideas y emociones van pasando a toda velocidad. Muchas veces es difícil saber cómo has llegado al pensamiento actual, porque no has tenido control sobre el flujo desordenado de tus pensamientos.

El diario te ayuda a frenar este proceso mental. Te obliga a construir los pensamientos con más atención, para que lo que escribes tenga un mínimo de sentido. También hace que bajes la velocidad, porque la mano no puede seguir el ritmo de tu cabeza. En resumen, el diario personal te ayuda a aclarar tus pensamientos y a tomar más conciencia de ellos.

Además, es un registro al que puedes recurrir para ver como pensabas hace un tiempo. En momentos como la planificación anual, cuando quieres establecer nuevos objetivos o en momentos de indecisión, es interesante recuperar entradas anteriores para ver como pensabas hace un tiempo y los cambios que has experimentado.

El diario personal como estrategia de productividad

Esta faceta es algo más desconocida. Puede que te cueste ver la relación entre escribir un diario y convertirte en una persona más eficiente. Pero recuerda que la productividad personal no es trabajar más, es trabajar mejor. No basta con usar el calendario o comprarte una agenda: debes marcarte objetivos, crear hábitos, construir rutinas y entrenar tus habilidades personales. Y para todo esto puedes utilizar el diario personal.

1. Seguimiento de objetivos

¿Cuántas veces te has marcado un objetivo? Y de esas ¿cuántas veces lo has alcanzado o, al menos, has trabajado de manera consistente para conseguirlo? ¿Cuántos propósitos se repiten año tras año en tu lista, sin que haya avances importantes? El principal problema a la hora de trabajar por tus objetivos es perderlos de vista.

Cuando te marcas objetivos, durante tu planificación anual o en cualquier otro momento, la ilusión y las ganas de conseguirlo están en su pico máximo y no crees que vayas a olvidarlos. Pero después, tu día a día se llena de trabajo, obligaciones, imprevistos y compromisos. Todas esas cosas cotidianas parecen mucho más urgentes que tus objetivos a medio y largo plazo; así es como dejas de lado tus propósitos. Incluso aunque los hayas escrito y colocado en un lugar visible, terminas dejando de verlos para hacer todo lo que parece requerir tu atención inmediata.

Para evitarlo, puedes utilizar el diario para reconectar cada día con tus objetivos. No hace falta dedicarle mucho tiempo; basta con que releas tus objetivos y escribas qué hiciste ayer para alcanzarlos y cómo te sientes con eso.

  • Los días en los que no hayas hecho nada, servirán como una pequeña llamada de atención para que hoy sí trabajes en ellos.
  • Los días en los que hayas experimentado algún avance, te motivarán para mantener el esfuerzo.

Así, con unos minutos de reflexión y un par de frases escritas en tu diario, mantienes tus objetivos presentes en tu rutina diaria.

2. Control de hábitos

El registro de hábitos es una actividad clave, de hecho, es el primer hábito que deberías implementar. Dedicar un minuto al día a marcar si has cumplido o no tus hábitos, te da una visión objetiva de tus avances, te motiva y hace más probable que mañana cumplas. Pero a veces, una simple cruz en un cuadradito no es suficiente. Cuando estás entrenando un hábito especialmente difícil, puedes incorporar el diario como parte de la estrategia.

La propuesta es que, además de poner una cruz en tu tracker, dediques un par de frases a reflexionar sobre ello:

  • Si cumpliste con tu hábito, piensa: ¿qué te ayudó a vencer la resistencia? ¿qué sentiste después? ¿afectó a otros hábitos o actividades del día?
  • Si no cumpliste, responde: ¿qué te frenó? ¿por qué la resistencia fue mayor que otras veces? ¿qué crees que hubieras podido hacer para evitarlo? ¿cómo te sentiste al incumplir? ¿cómo afectó al resto de tu día?

Estas preguntas te hacen tomar más conciencia de tu esfuerzo y te ayudarán a mantenerlo. También te dan valiosas pistas sobre lo que te ayuda y no te ayuda a la hora de implementar nuevos hábitos.

3. Entrenamiento de habilidades personales

Hay algunas habilidades personales que es necesario entrenar para mejorar tu productividad y tu bienestar: la proactividad, el control emocional, la paciencia, la calma, la gestión del estrés, la asertividad, etc. Estas conductas no son rasgos de personalidad o habilidades innatas; son hábitos, es decir, conductas que has aprendido a base de repetirlas.

Por ejemplo, el estrés puntual es una respuesta innata, que se desencadena de manera involuntaria en respuesta a una amenaza. Pero el estrés crónico es un hábito; esa presión constante, que empieza por la mañana y te acompaña hasta que vuelves a dormir, es algo que has aprendido y automatizado.

Sucede lo mismo cuando tienes dificultades para decir no, hábitos de descanso inadecuados, tiendes a la multitarea o caes en los ladrones de tiempo. Son todo conductas aprendidas que están afectando a tu productividad y a tu bienestar.

La buena noticia es que se pueden cambiar, aunque va a requerir esfuerzo y conciencia. Si decides entrenar estos comportamientos, el diario personal será de gran ayuda, porque el registro de hábitos suele ser insuficiente.

Estas conductas son más complejas que las acciones concretas que suelen incluirse en el registro, como madrugar o hacer ejercicio. Los componentes del hábito (disparador, conducta y recompensa) no son tan obvios: la misma conducta puede darse de diferentes maneras y no hay un momento marcado en el que deba producirse. Por eso, es complicado reducir la conducta a una marca en una casilla.

Cuando utilizas un diario puedes contemplar otros matices. En función de la conducta que estés entrenando, puedes establecer algunas preguntas clave que te ayuden a reflexionar, creando una plantilla que responderás cada día.

También puedes simplemente dedicar un par de minutos a reflexionar sobre la conducta, sin necesidad de tener preguntas prefijadas. Pero al principio, especialmente si no tienes entrenada tu capacidad de autoobservación y autoanálisis, las preguntas son de gran ayuda.

Como ves, un diario personal es mucho más que un sitio donde volcar tus emociones negativas y tus quejas. Esta herramienta tan potente requiere apenas unos minutos al día y te ayudará a mantener presentes tus objetivos, registrar tus hábitos y entrenar habilidades clave.

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