Una vez al año, necesitamos poner en orden nuestros proyectos personales y profesionales. La planificación anual implica revisar lo que ha sucedido y planear lo que esperas de los próximos 365 días. Es una tarea clave para avanzar en tus objetivos, aunque puede resultar abrumadora si no conoces los pasos importantes.

Cuando empieza un año aparece esa sensación de cierre de una etapa e inicio de otra. Suele ser en enero, pero también a principio de curso, en tu cumpleaños o en alguna otra fecha relevante. Por un lado, sientes que termina un ciclo y es muy buen momento para reflexionar sobre lo que ha sucedido durante ese tiempo: revisar tus objetivos, tus avances, tus cambios de rumbo, tus errores y tus aprendizajes. Además, es el momento perfecto para establecer nuevos objetivos, plantear qué es lo que deseas y decidir cómo vas a alcanzarlo.

La planificación anual combina estas dos acciones: la revisión de la etapa que termina y la organización de la siguiente. En principio, parece complicado encontrar motivos para no hacer esta planificación anual, pero a la hora de la verdad, pueden aparecer ciertas resistencias. Puede que no sepas por dónde empezar, que te de pereza o que te abrume pensar a largo plazo.

Si no quieres renunciar a tu planificación anual incluso antes de haber empezado, debes prestar atención a estas excusas y resistencias, aprender a gestionarlas y evitar que se interpongan en tu tarea.

Planificación anual: ¿una misión imposible?

Un año es demasiado tiempo para planificarlo. Esta es la excusa más frecuente para no hacer la planificación anual. Te sientas frente a la hoja en blanco y te sientes incapaz de organizar los próximos 12 meses. Piensas que es imposible planificar tan a largo plazo, que siempre surgirán cosas que no has previsto, que es mejor fluir con lo que suceda o cualquier frase similar.

Déjame decirte que lo que hay detrás de todas estas excusas no es otra cosa que miedo. En realidad, temes hacer esa planificación: porque no sabes lo que de verdad quieres, porque te da vergüenza expresar tus deseos, porque temes no conseguirlo, porque no te sientes capaz o porque requiere mucho esfuerzo.

Pero ya sabes que, para lograr algo importante, hay que salir de la zona de confort y atravesar estos miedos. Así que observa qué excusas, inconvenientes o problemas te vienen a la mente cuando piensas en planificar tu año y anótalas. Después, responde a cada una de estas resistencias con argumentos lógicos.

  • La idea de que un año es demasiado tiempo para planificar, se responde diciendo que, obviamente, no vas a poder planificar cada una de las actividades de ese año, se trata sólo de marcar fechas y plazos importantes.
  • Si te preocupa no poder cumplir los objetivos marcados, acepta que existe esa posibilidad y decide intentarlo de todas maneras. Las probabilidades de fracaso son muchísimo más altas cuando te paras antes de empezar y no haces ni la planificación.
  • Si piensas que harás la planificación y la dejarás olvidada (como sucede con los buenos propósitos de año nuevo), comprométete a hacer revisiones mensuales y trimestrales.

Así, podrás desmontar cada una de las excusas que vayan surgiendo para disfrazar la ansiedad que generan los momentos de revisión y planificación.

Utiliza tus emociones

La planificación anual no es sólo poner en un calendario fechas relacionadas con tus proyectos o hacer una lista de lo que quieres hacer en el año. Detrás de estas tareas hay todo un trabajo de negociación con tus emociones: con tu miedo, tu ansiedad, tu preocupación y tu frustración.

Existe la idea de que las emociones negativas son algo a evitar y estamos rodeados de mensajes simplistas que nos animan a “ver el lado bueno” y a “ser positivos”. Pero lo cierto es que estas emociones perturbadoras, aunque pueden ser desagradables, son tremendamente útiles. Las emociones aportan información y, si las ignoras, estás desperdiciando un recurso muy valioso.

Te animo a observar tus emociones para ver qué pueden aportarte. Si sientes frustración al revisar el año que ha terminado, es momento de ver dónde te has equivocado y qué aspectos podrías mejorar para empezar a trabajarlos en tu nuevo ciclo. Ignorar la frustración no aporta ningún crecimiento y es posible que termines repitiendo patrones erróneos.

Si mirar tu lista de deseos y objetivos te genera ansiedad, ignorarlo no te ayudará a alcanzarlos. La ansiedad señala que lo que estás haciendo es algo importante, significativo y que implica algún tipo de riesgo. También puede señalar que no te sientes con las habilidades o herramientas necesarias para conseguir lo que quieres.

La forma de utilizar la ansiedad a tu favor es empezar a prestarle atención. Si te encuentras frente a una situación que implica un riesgo, prepárate para llevarlo de la mejor manera posible: valora bien las opciones, busca ayudas y no te olvides del autocuidado. Si el origen de la ansiedad es que no te sientes competente, es el momento de entrenar esas habilidades o hábitos que vas a necesitar.

Puedes hacer esto con cada emoción: ver qué información te aporta y usarla para mejorar. Las emociones son respuestas que no podemos ignorar durante mucho tiempo. Si lo haces, solo estás duplicando tus problemas.

La planificación anual paso a paso

Ahora que ya has desmontado tus excusas y sabes la importancia de una buena gestión emocional, toca ponerse manos a la obra. Te recomiendo que no improvises; la planificación anual abarca muchos aspectos y si no empiezas con un plan claro vas a terminar perdiéndote o saltándote pasos.

Puedes acceder a mi guía de planificación anual o elaborar tu propio plan. Lo importante es que tengas un paso a paso claro con el que trabajar.

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