Es inevitable, hay determinadas tareas que no te gustan, que te pesan y que sientes como un castigo. Por una razón u otra, esas tareas se te atragantan. Cuando llega el momento de hacerlas, surgen cientos de actividades más apetecibles y aumenta la tentación de procrastinar. Aplazar indefinidamente estas tareas no es una opción; lo mejor es encontrar una forma de suavizarlas y hacerlas menos pesadas.

Las razones por las que algunas tareas no te gustan son variadas. Puede que sea demasiado compleja o demasiado monótona. Puede que sea una tarea demasiado larga o, por el contrario, muy corta pero recurrente. Puede que te resulte incómoda porque requiere pedir o reclamar algo a otras personas. O simplemente puede que sea a lo opuesto a lo que de verdad te gusta hacer.

Independientemente de la razón, son tareas que tienes que hacer y aplazarlas no es una opción. Puede que te haya pasado que, tras aplazar durante mucho tiempo una tarea, una vez hecha piensas “pues no era para tanto”. Descubres que has invertido mucho más tiempo y esfuerzo en aplazar la tarea, pensar el mejor momento para hacerla, buscar excusas, empezar y no terminar, etc., que lo que realmente te ha costado hacerla.

En este post quiero compartir contigo algunas estrategias para hacer menos desagradables estas tareas que no te gustan. El objetivo es que, aunque tengas que hacerlas, puedas hacerlo de una forma rápida, sin que afecte demasiado a tu productividad y a tu estado de ánimo.

1. Evalúa las tareas que no te gustan

En la definición de estas tareas, he dicho que son tareas que debes hacer. Pero en realidad no siempre es así. En ocasiones creemos que es necesario hacer determinada actividad, pero no es cierto.

Puede que sientas una tarea como una norma no escrita, que sea común entre las personas de tu entorno o que hayas leído que es una tarea importante. Es posible que lleves tanto tiempo haciéndola que no te hayas parado a pensar si es realmente necesaria o si hay alguna alternativa.

Por eso, el primer paso es detectar si esa tarea que no te gusta es realmente necesaria para ti. Si la has estado realizando hasta ahora es muy probable que te parezca útil. Pero debes evaluarla partiendo de cero, como si fuese una nueva tarea que vas a incorporar a tu lista.

También puedes plantearte reducir la frecuencia o agrupar la tarea. Aunque una tarea sea imprescindible, puede que no sea necesario hacerla diaria o semanalmente. Piensa si puedes agruparla y hacerla cada quince días o una vez al mes.

2. Delega estas tareas

Aun cuando la tarea sea estrictamente necesaria, puede que no sea imprescindible que la hagas tú mismo. Hay tareas que puedes delegar y dejar que otras personas las hagan por ti. Por ejemplo, en el trabajo, puede que esa tarea que a ti te disgusta para otro compañero no suponga tanto esfuerzo y podáis hacer un intercambio de tareas. Sucede lo mismo con las tareas de la casa.

También puedes delegar sin necesidad intercambiar tareas. Hay ocasiones en las que una persona, en el trabajo o en casa, está más sobrecargada que otras. Piensa si puedes pasar esa tarea a una persona que tenga menos tareas asignadas.

La última opción es externalizar la tarea y pagar a alguien que lo haga por ti. Algunas tareas administrativas, como la declaración de la renta o gestiones mensuales, puede realizarlas un gestor. Según sea tu trabajo, puedes subcontratar algunas de tus tareas. También puedes pagar para que hagan otras de tus obligaciones como tareas de la casa, compras o trámites.

Piensa lo que vale tu tiempo y el desagrado que te supone hacer estas tareas que no te gustan. Verás que, en muchas ocasiones, merece la pena pagar a otras personas para que lo hagan en tu lugar.

3. Reserva un momento para las tareas que no te gustan

Una buena opción es agrupar estas tareas y concentrarlas en un único momento. Elige ese momento en el que harás las tareas que no te gustan y resérvalo en tu agenda. Es la mejor forma de controlar las excusas y evitar la procrastinación.

También es una buena estrategia para sacar de tu cabeza esas tareas y evitar pensar en ellas en otros momentos. Tener en mente la obligación de hacer las tareas que no te gustan no es agradable. Al hacerlo, añades aún más carga negativa y aumenta el rechazo que sientes. Incluso puede afectar a tu humor y perjudicar la ejecución de otras tareas.

4. Evita las distracciones

Aunque este consejo es útil para todas tus actividades y tareas, es especialmente importante cuando se trata de tareas que no te gustan. Habrás comprobado que cuando estás haciendo lo que te gusta, te sientes motivado y disfrutas del trabajo, las distracciones como el móvil o las redes sociales pierden peso. Estás concentrado y no es probable que sientas la tentación de hacer otra cosa.

Pero, cuando estás haciendo tareas que no te gustan, hasta el vuelo de una mosca te va a resultar interesantísimo y podrá atrapar tu atención. Así que pon especial cuidado en eliminar cualquier distracción cuando debas realizar las tareas que no te gustan.

5. Limita el tiempo

Cuando sea posible, limita el tiempo que vas a dedicar a las tareas que no te gustan. Antes de empezar, establece el tiempo máximo que vas a estar haciendo esa actividad. Incluso puedes utilizar una alarma para marcar el fin. Resulta menos pesado enfrentarse a una tarea si sabes que vas a dedicar, por ejemplo, 20 minutos y ni uno más.

Esta táctica sólo es posible cuando se trata de tareas que puedes interrumpir y seguir en otro momento sin mucha complicación. Por ejemplo, contabilizar facturas es un proceso que puedes interrumpir cuando cumplas el tiempo establecido y continuar otro día. Por el contrario, no es recomendable dejar la limpieza de una habitación a medias.

6. Utiliza recompensas para esas tareas que no te gustan

Los premios y recompensas por haber terminado una actividad son bastante eficaces. Piensa que nos hemos acostumbrado a ellos a lo largo de nuestra vida: te compraban un regalo por sacar buenas notas, si alcanzas un objetivo de ventas te dan un incentivo, te promocionan cuando alcanzas una meta, el premio por trabajar cinco días a la semana es el fin de semana de descanso, etc.

No puedes organizar todas tus tareas en base a un sistema de recompensas. Además de ser demasiado complejo, un sistema de productividad personal debe lograr que el hecho de finalizar las tareas y alcanzar objetivos sea una recompensa en sí mismo.

Aun así, para endulzar un poco las tareas que no te gustan, puede ser útil introducir algún tipo de recompensa. Para que esta táctica funcione debes establecer las recompensas antes de hacer la tarea y ser estricto en su aplicación. Trata de elegir recompensas que te ayuden a mejorar tu estado de ánimo y que sean proporcionales al esfuerzo realizado.

7. Personaliza tu estrategia según el tipo de tarea

No todas las tareas que no te gustan son iguales, así que es buena idea que adaptes la estrategia al tipo de tarea.

  • Tareas complejas. Si la tarea es muy amplia o implica muchas acciones, la mejor estrategia es dividirla en pasos más sencillos. Cuando te enfrentas a una tarea demasiado grande y no sabes cómo empezar, es fácil sentirse abrumado. En cambio, si estableces pequeños pasos y empiezas a ver cada uno de ellos como una tarea, será más fácil empezar e ir avanzando.
  • Tareas monótonas. Hay tareas que se hacen pesadas porque son aburridas o repetitivas. Puedes elegir momentos en los que tus niveles de atención y energía no sean muy altos, para no desperdiciarlos en estas tareas menores. También puedes usar estrategias para animarte como escuchar música de fondo o prepararte una bebida o tentempié que te guste.
  • Tareas incómodas. Algunas actividades resultan incómodas porque debes enfrentarte a otras personas. Por ejemplo, reclamar el pago de facturas, pedir algo a tu jefe, realizar una queja o hacer una llamada de ventas. Para estos casos es mejor elegir un momento en el que te sientas animado, seguro y con confianza. Si dejas estas tareas para un momento en que estés cansado o desanimado te costará mucho más realizarlas.

Toma acción

Con estos sencillos tips podrás aligerar las tareas que no te gustan. Sabes que no vas a poder librarte de ellas, pero sí puedes reducir la resistencia que sientes.

Recuerda que el objetivo es que esas tareas no consuman demasiado tiempo y energía, para poder concentrar tus esfuerzos en actividades más importante o que disfrutas más.

Cuéntame si has puesto en marcha alguna de estas estrategias o si aplicas algún otro truco.

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