Estamos viviendo un momento único de emergencia global. La pandemia del coronavirus ha alterado de manera repentina nuestro día a día, los hábitos, el trabajo, las relaciones y la manera de consumir. El análisis de toda esta situación es algo que dejo para los expertos, pero sí quiero reflexionar sobre un fenómeno concreto: la idea de que podemos (o debemos) “aprovechar la cuarentena”.

Desde que empezó esta crisis vivimos en la incertidumbre: nadie sabe cómo o cuándo terminará esto, ni qué será lo que vendrá después. La situación es cambiante e impredecible. El confinamiento ha alterado nuestra vida y, en respuesta a este nuevo escenario, han aparecido muchísimas iniciativas que pretenden ayudarnos a pasar este momento crítico. En redes sociales, televisión, plataformas audiovisuales, grupos de WhatsApp y balcones han florecido propuestas para la cuarentena: conciertos, exposiciones, cursos, juegos, retos, hobbies, directos, entrenamientos, etc.

 

Un amplio abanico de opciones para enseñarte a “aprovechar la cuarentena”. Pero…

¿Qué significa aprovechar la cuarentena?

Dejando claro que todas las propuestas han surgido con la intención de ayudar, creo que el fenómeno requiere algo de reflexión. Algunas personas nos hemos sentido un poco abrumadas por la cantidad de iniciativas. En realidad, casi todas esas opciones estaban antes más o menos accesibles: internet está lleno de recursos y opciones que ya podíamos disfrutar antes de la crisis. Sin embargo, nos han bombardeado con la idea de que ahora es cuando hay que hacerlo, que hay que aprovechar esta situación.

Salvando las distancias, me ha recordado a cuando planeas unas vacaciones e intentas abarcarlo todo, aprovechando cada minuto de tu viaje: hay que visitar todos los museos, todas las catedrales, los barrios típicos, los no tan típicos, la gastronomía local, hacer compras, buscar actividades culturales y hacer todas las fotos y vídeos posibles.

Estos viajes terminan pareciéndose a una yincana llena de objetivos a lograr: corre, llega al lugar, haz la foto y corre otra vez para llegar al siguiente punto del mapa. Aunque se puede llegar a disfrutar de este tipo de viajes, al final se pierden muchos momentos y puede resultar agobiante. Estos viajes se organizan así por una razón: el miedo a perderse algo y a desperdiciar esa oportunidad única. El temor se impone a las ganas de disfrutar y vivir la experiencia.

Pues algo parecido nos ha pasado con este confinamiento. Nos ha entrado miedo a estar en casa. Piénsalo. Hay miedo al cambio de hábitos, a la convivencia, a la soledad y a echar de menos a alguien. También hay miedo a aburrirse, a perder el tiempo o a no ser productiva. Pero lo que más hay es miedo a lo que hay fuera, a lo que está pasando y a lo que pasará.

Muchas personas, ante el vértigo que produce esta situación, han querido evitar el vacío llenando su tiempo con todas las actividades posibles para “aprovechar la cuarentena”. No digo que siempre esté mal, pero tampoco creo que sea la solución.

Desconectas de la realidad o huyes

Muchas de estas propuestas para aprovechar la cuarentena presentan como beneficio el hecho de “desconectar” un poco. Los momentos de descanso y desconexión son esenciales para nuestra salud y bienestar. Y, ahora que se han reducido nuestras opciones de ocio, puede ser muy interesante acceder a actividades diferentes.

El problema surge cuando utilizas estas opciones para huir de la realidad. Hay tres posibles respuestas al miedo: parálisis, huida o lucha. Zambullirse en un sinfín de actividades puede ser una forma de huir mentalmente de este escenario tan impredecible. A corto plazo puede servir, pero a la larga es contraproducente.

Para saber si estás desconectando o huyendo, puedes analizar cómo realizas cada actividad: si hay ansiedad, urgencia, compulsión o desesperación, estás escapando de algo. Es la diferencia entre ver una serie o pegarte un atracón hasta caer rendida de sueño.

Estos atracones (de series, comida, directos de Instagram, cursos o videoconferencias con amigos) sirven para evitar pensar en la situación y esquivar emociones desagradables. Como cualquier compulsión, tienen un efecto saciante a corto plazo, pero a largo plazo pueden ser perjudiciales.

No te preocupes

¿Cuántas veces te han dicho esta frase o alguna parecida? Esta socialmente muy aceptado que, cuando una persona lo está pasando mal, lo correcto es decirle que deje de hacerlo: no te agobies, no estés triste, no te enfades, no te deprimas. Pero en el fondo todos sabemos que no es tan sencillo.

Este tipo de frases están cargadas de buenas intenciones, pero rara vez son capaces de lograr lo que pretenden. Incluso pueden llegar a aumentar el problema, porque la persona que recibe el mensaje se siente incomprendida o frustrada por no poder hacer algo, en apariencia tan sencillo, como dejar de estar preocupada.

Ahora, este tipo de mensajes se multiplican: es una forma de mostrar interés y cuidar a los nuestros. Pero acepta que no siempre van a funcionar. Si te sientes agobiada, preocupada o baja de ánimos, asume que no se te va a pasar viendo un tutorial de repostería o un concierto. Hay que transitar esas emociones.

Demasiada información, demasiadas opciones

Si antes vivíamos infoxicados, ahora la situación está descontrolada. Hemos multiplicado el tiempo que pasamos consumiendo noticias o, mejor dicho, consumiendo la misma noticia desde diferentes ángulos. A esto hay que sumar todas las nuevas actividades y opciones de entretenimiento.

Hay muchísima información, muchísimas opciones dónde elegir, muchísimas cosas por hacer. Si sientes que toda esta información te desborda, recuerda que no pasa nada por desconectar y perderte alguna propuesta.

Recuerda cómo eras antes

Las diferencias de personalidad son la clave. Cada uno estamos viviendo este aislamiento de manera diferente. Algunas personas (entre las que me incluyo) ya estamos acostumbradas a pasar mucho tiempo dentro de casa, por lo que el confinamiento no altera demasiado nuestro día a día. Otras personas, por el contrario, han tenido que modificar radicalmente sus rutinas.

Hay personas más sensibles, que pueden sentirse saturadas y que necesitarán momentos de soledad; otras personas se sienten abrumadas estando solas. Algunas personas sufren mucho el distanciamiento social, pero otras no necesitan un contacto tan cercano y frecuente con sus seres queridos.

En resumen, las actividades que hagas durante esta cuarentena deberían ir en consonancia con tu forma de ser, con las cosas que hacías antes, tus hábitos y tus rutinas. Si antes disfrutabas de tus momentos de soledad, no tiene mucho sentido que ahora hagas tres videollamadas diarias con tu familia y amigos. Si antes la formación no era uno de tus objetivos, no te fuerces a hacerlo ahora. Si antes disfrutabas haciendo las cosas con calma y teniendo pocas actividades cada día, no intentes llenar ahora cada minuto.

La clave es conocer tus necesidades y respetarlas. Elige la cantidad y el tipo de actividad que necesitas para sentirte bien y no te dejes llevar por lo que hagan o necesiten los demás.

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