Hay hábitos de productividad que puedes encontrar en prácticamente todas las propuestas para mejorar tu rendimiento. Son hábitos muy comunes y estudiados, que se perciben claramente como vinculados a la productividad.

Pero existen otros, que quizá no son tan evidentes, pero tienen un gran impacto en tus resultados. Son hábitos de productividad relacionados con tus habilidades personales y el modo de afrontar distintas situaciones.

Si piensas en mejorar tu organización, rápidamente te vendrán a la cabeza los hábitos de productividad más comunes: madrugar, entrenar la atención, evitar distracciones, mantener hábitos saludables, no procrastinar, etc. Son hábitos de los que cada vez se habla más, no solo en los espacios dedicados a la productividad personal.

Pero hay otros hábitos de productividad, relacionados con habilidades personales de los que no se habla tanto. Son actitudes que se encuentran en la base de tu forma de ser. Quiero contarte cómo puedes entrenar dos de estas habilidades para mejorar tu productividad.

1. Buscar nuevas experiencias

Sabemos que el gusto por la novedad y el deseo de experimentar están determinados en gran medida por la personalidad. Hay personas que disfrutan más que otras con la búsqueda de nuevas experiencias.

De hecho, la apertura a la experiencia es una de las variables de personalidad que se suelen evaluar. Está marcada por factores genéticos y factores ambientales, como la educación y el entorno.

Pero, además de un rasgo de personalidad, la apertura a la experiencia es un hábito de productividad que puedes ejercitar. En tu vida personal y profesional, probar experiencias nuevas te ayudará a aumentar tus conocimientos, ser más creativo y afrontar mejor los cambios.

¿Por qué debes sumarlo a tus hábitos de productividad?

La experiencia es una fuente de aprendizaje. Como consecuencia, nuevas experiencias te llevan a nuevos aprendizajes. Cuando experimentas algo diferente, descubres otras formas de pensar y de hacer. Son aprendizajes que pueden mejorar tu vida, tu forma de trabajar, tus relaciones, etc.

Otro beneficio de mantener una actitud abierta es que mejora tu capacidad creativa. Lo desconocido y novedoso hace que tu cerebro deba esforzarse más. Tiene que reconocer el entorno, detectar reglas y patrones, aprender formas de actuar, etc. Todo esto es gimnasia para tu mente.

La ventaja es que el cerebro integra todos los nuevos aprendizajes para generar una mejora global. Cuando mejora sus capacidades dentro de un contexto, estas mejoras repercutirán en otras áreas de tu vida.

Es decir, experimentar cosas nuevas en tu tiempo libre te hará ser más creativo en tu trabajo; y viceversa, los aprendizajes del trabajo mejorarán tu creatividad fuera de él.

Por último, la apertura a nuevas experiencias mejora tu flexibilidad mental y te prepara para afrontar los cambios. De manera natural, estamos predispuestos a buscar la estabilidad y el confort; los cambios suponen una amenaza para esta seguridad. Hay personas que viven esa amenaza con más intensidad que otras.

Cuando la resistencia al cambio es elevada, cualquier modificación del entorno genera malestar. La solución podría ser evitar los cambios, pero, aunque no los busques activamente, los cambios van a llegar. Sencillamente, no podemos controlar todas las variables de nuestra vida.

Sabiendo esto, es buena idea prepararse para los cambios y mejorar la forma de enfrentarlos. La búsqueda de nuevas experiencias actúa como un entrenamiento y te ayuda a vencer las resistencias que puedas tener.

¿Cómo puedes ejercitarlo?

Si la búsqueda de experiencias no forma parte de tus tendencias personales, es difícil que pases al extremo opuesto; pero tampoco es necesario.

El término experiencia nueva es muy amplio, va desde recorrer el mundo con una mochila a buscar una ruta diferente para ir al trabajo. Según tu tendencia natural, puedes situarte en cualquier punto de ese espectro.

Las experiencias pequeñas también tienen su efecto. Algunos estudios afirman que, algo tan simple como probar una comida diferente, mejora la creatividad. Otros ejemplos sencillos son ver películas o series diferentes de las que sueles consumir, leer poesía o comic si no lo has hecho antes, buscar géneros literarios que no sean tus favoritos, escuchar música diferente, pasear por lugares desconocidos, buscar rutas alternativas a tus trayectos habituales, etc.

El único requisito es estar realmente abierto a estas experiencias. Las actividades novedosas no mejoran por sí mismas tu conocimiento. Debes permitirte experimentarlas y estar dispuesto a aprender. Si estás cerrado a cualquier novedad no podrás enriquecerte con la experiencia.

En cualquier caso, recuerda que la búsqueda de experiencias se puede entrenar como todos los hábitos de productividad. Al principio encontrarás más resistencia, pero con el tiempo se consolidará como parte de tu conducta.

Para empezar, puedes establecer algún momento de la semana o el mes para hacer actividades diferentes. También puedes recurrir a tu entorno, pidiendo que te hagan sugerencias o acompañándolos en actividades que ellos ya hacen, pero que son novedosas para ti.

2. Ser amable

La idea del éxito todavía está muy asociada con la agresividad. Hablamos de “luchar por tus objetivos”, “eliminar a la competencia”, “llegar el primero”, “no dejar que te pisoteen”. Aunque parecen frases positivas y motivadoras, en realidad encierran grandes dosis de violencia y competitividad.

La cultura popular se ha encargado de promocionar este estereotipo. En las series y películas las personas exitosas y que han llegado alto en su desarrollo profesional no suelen tener habilidades interpersonales muy positivas.

En la mayoría de los casos son personas ambiciosas, exigentes, competitivas y poco tolerantes. No muestran generosidad, empatía ni deseo de ayudar o cuidar a otros. Es habitual que tengan una pobre vida personal, con malas relaciones dentro y fuera de su trabajo. En resumen, son personas difíciles de tratar.

El problema es que hemos aceptado que estas cualidades son necesarias para triunfar. No sólo se consienten estas conductas negativas, sino que se entiende que son las que han llevado a estas personas a alcanzar el éxito.

Es momento de desterrar este estereotipo. Puede que estas actitudes fueran necesarias para el ejército mongol del siglo XIII, pero la sociedad ha avanzado. Hoy en día no es necesario tratar mal a los demás para alcanzar el éxito.

¿Por qué debes sumarlo a tus hábitos de productividad?

Parece lógico pensar que cuando no eres amable, tu entorno no está contento con tu actitud. Aun así, muchas personas siguen tratando a parte de su entorno con malas formas. Esta es la clave, la amabilidad de estas personas es selectiva. No carecen de esa habilidad, sencillamente eligen con quién ejercerla.

Por ejemplo, algunos jefes tratan de manera diferente a sus empleados y a sus clientes. Tratan a los clientes con educación y respeto, y realizan acciones intencionadas para que se sientan atendidos. Los empleados no gozan de estas ventajas.

Aunque la relación con clientes y empleados tiene características distintas, ambas se basan en el deseo de que otras personas hagan algo que te beneficia: quieres que tus clientes compren tu producto y deseas que tus empleados realicen un buen trabajo. Incluso las relaciones entre compañeros siguen este esquema.

Entonces ¿por qué tener un trato diferente si deseas conseguir lo mismo? O, dicho de otro modo, recuerda que se cazan más moscas con miel que con vinagre.

En resumen, cuando eres amable hay más probabilidades de lograr lo que deseas de otras personas. No es necesario manipular, amenazar o infundir miedo.

 

Otra ventaja de ser amable es que aumenta las oportunidades de colaboración. La mayoría de los problemas que se dan en el trabajo derivan de las relaciones personales, no del trabajo en sí. Seguro que has conocido a alguien que, aun siendo un excelente profesional, era muy difícil de tratar.

De manera más o menos consciente, todos sabemos que las habilidades interpersonales son fundamentales en el trabajo. Por esos solemos evitar a las personas que consideramos conflictivas y tendemos a elegir compañeros de trato agradable.

No pienses que esto aplica solo a tu entorno más próximo de trabajo. Sucede igual cuando tenemos que elegir subordinados, socios, proveedores y clientes. Si eres amable otras personas desearán trabajar contigo.

¿Cómo puedes ejercitarlo?

Para entrenar la amabilidad como parte de tus hábitos de productividad, el primer paso es empezar a combatir las ideas erróneas sobre al éxito. Descartemos la idea de que alcanzar tus metas es incompatible con ser buena persona.

El lenguaje construye el pensamiento, así que puedes empezar a modificar tu forma de hablar. Por ejemplo, deja de utilizar la expresión “lucha por tus metas”; en su lugar puedes decir “trabaja por tus metas”, que mantiene la idea de esfuerzo, eliminando la connotación negativa que implica luchar.

En segundo lugar, para entrenar tu amabilidad es imprescindible que evalúes tu propia conducta. Repasa lo que ha sucedido en el día para detectar si en algún momento podrías haber utilizado formas más amables.

También deberías preguntar a tu entorno por tu conducta. Sus respuestas pueden ayudarte a encontrar aspectos mejorables. Según cual sea el contexto puedes hacerlo de forma más o menos directa.

Conclusión

Es posible que nunca hubieras pensado en incluir las características personales como hábitos de productividad. Ya has visto que, aunque no son los hábitos de los que más se habla, si tienen un importante impacto en tus resultados.

Además, estos dos hábitos de productividad en concreto mejoran tu estado de ánimo de forma notable. Te ayudan a ser una persona más positiva y feliz.

Como resumen, diría que el objetivo de mejorar tu productividad y tu organización no es solo poder hacer más tareas. Se trata de mejorar tu vida. Visto así, es lógico que debas incluir como hábitos de productividad habilidades personales como las que hemos visto.

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